Daily Archives: octubre 18, 2016

Películas de terror sin salpicaduras de sangre

En el imaginario del espectador de cine de terror, o incluso en el lector de libros o comics de miedo, el derramamiento de sangre y el padecimiento físico –bien descrito, explícito y reflejado- suponen uno de los puntos más recurrentes. El público experimenta esa extraña sensación de padecimiento mezclado con adicción entretenida al ver los chorreones de presunta sangre saltar, al ver cabezas cortadas, vísceras al aire libre o sucesos paranormales que acaban por dibujar un mapa terrorífico basado en la buena labor del maquillaje y de los efectos especiales.

Sin embargo, hay películas capaces de despertar verdadero terror y pánico en el espectador sin recurrir a explícitos métodos sangrientos. Vamos ahora con algunos ejemplos de films que pueden generar verdadero pánico visual por su inquietante y perturbador contenido.

Para la historia quedará ‘M, el vampiro de Düsseldorf’, la conocida cinta dirigida por Fritz Lang a principios de los años 30. Fue la interpretación de Peter Lorre la que puso sobre la mesa las cartas de la incertidumbre, merced a aquel perturbado al que encarnaba, el cual había matado a varios niños –de ellos había bebido sangre-. No obstante, la cámara en ningún momento busca generar terror de forma gratuita, sino que emplea para ello una sutileza inusual; comprar a los niños chocolate puede despertar tanta repulsa como ver salpicaduras de sangre humana. Fritz Lang puso el género policial a merced del cine de terror.

En ‘Los otros’, Alejandro Amenábar también logra despertar el miedo y la inquietud del espectador con absoluta elegancia, jugando con la delgada línea entre la muerte y la vida si necesidad de ser explícito. El ingenio para hacer cine de terror con un apartado psicológico bien exprimido puede dar lugar a obras tan interesantes como ‘Enterrado’, de Rodrigo Cortés, en la que un hombre se despierta dentro de un ataúd. Quién no ha pasado verdadero pánico viendo ‘Aracnofobia’, de Frank Marshall, con esas arañas repugnantes y con pelos que sembraban el pánico en Venezuela. Son algunos ejemplos de cómo se puede hacer un buen discurso de terror sin que los efectos de la sangre cobren protagonismo.

Treinta años de ‘Hannah y sus hermanas’

El genial director y guionista neoyorquino Woody Allen dio vida en 1986 a una de sus más geniales películas, ‘Hannah y sus hermanas’. Esta cinta, junto a las también deliciosas ‘Annie Hall’ y ‘Manhattan’, tal vez formaría ese triángulo mágico en el que el genio de Brooklyn reúne la mejor esencia de su cine.

Antes de ‘Hannah y sus hermanas’ ya Allen había filmado una película similar, como lo fue `Interiores’, aunque aquella era más un homenaje a las cintas más sombrías y psicoanalíticas del gran director sueco Ingmar Bergman; en 1986 Woody Allen mantuvo ese espíritu de mostrar los diferentes retratos de la condición humana a través de tres hermanas.

Mia Farrow, Dianne West y Barbara Hershey eran las actrices que daban vida a las tres hermanas. Una de ella era una mujer de su casa, talentosa y entregada a su marido; la segunda era un alma descarriada y perdida, alguien que para buscar su lugar en el mundo dejaba un reguero de problemas tras de sí; la tercera, era una muy atractiva mujer, casada con un intelectual nihilista y a punto de separarse de él.

Las relaciones humanas marcan la película, donde el propio Woody Allen vuelve a encarnar uno de esos personajes fastuosos –neurótico, reflexivo e hipocondriaco-. El miedo a la muerte y al vacío existencial encuentra respuesta en ‘Hannah y sus hermanas’, que cuenta con una memorable escena en la que la diversión del cine de los Hermanos Marx le sirve al personaje de Allen para olvidar la tremenda angustia de recordar que algún día tendrá que morir y nada habrá valido para nada. Todo ello ocurre después de que el personaje de Allen superara un cáncer y aclara que las dos palabras más bonitas de este mundo no son “te quiero”, sino “es benigno”.

Michael Caine, cuyo personaje demuestra cómo el rol del cuñado puede llegar a ser muy jugoso en el cine, y Dianne West lograron con este film un Oscar, galardón que también obtuvo Woody con el guión.